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Llamados a llamar

Oct 19, 2013   //   by Seminario   //   Equipo Vocacional  //  Sin Comentarios

Llamados a Llamar

PAPA FRANCISCOLes decía el Papa Francisco a los voluntarios de la Jornada de la Juventud en Brasil:

“Cada uno de ustedes ha sido unmedio que ha facilitado a miles de jóvenes tener preparado el camino para encontrar a Jesús. Y éste es el servicio más bonito que podemos realizar como discípulos mísioneros: Preparar el camino para que todos puedan conocer, encontrar y amar al Señor. A ustedes les quisiera decir: Sean siempre generosos con Dios y con los otros. No se pierde nada, y en cambio, es grande la riqueza de vida que se recibe”.

El Papa nos hace recordar que tenemos una hermosa vocación: “ser un medio para que otros se encuentren con Jesús”, podernos decir que el Señor nos llama para llamar.

Es normal escuchar decir que hoy faltan vocaciones, que falta hacer tal o cual cosa, Vivimos un tiempo de profundos cambios, un cambio de época, pero sabemos que la Promesa de Dios sigue en pie. Él nos invita a no dejar de escuchar su llamada, a reavivar nuestra propia vocación. Y hacer que todos puedan descubrir que Él los llama, que toda persona tiene una vocación.

Las vocaciones que llamamos de especial consagración son muy importantes y esenciales en la Iglesia. Por este motivo confiamos en que Dios quiere estas vocaciones y por este motivo, nos ponemos manos a la obra con todo nuestro corazón y nuestro esfuerzo para que todos puedan descubrir la llamada de Dios en sus vidas.

Ponemos manos a la obra consiste principalmente en trabajar juntos por las vocaciones.

Primero hemos de comprender que en la Iglesia toda actividad, toda oración, toda pastoral, es de algún modo, vocacional. ¿Qué significa esto? Hemos sido creados por nuestro Dios de un modo personal. Mi vida, mi persona aporta algo único en este mundo: yo tengo algo que nadie más lo tiene.

En la Iglesia los cristianos estamos llamados a descubrir la misión que Dios nos ha confiado y atender que nuestra vocación llegue a realizarse. La pastoral vocacional es la misión de la Iglesia, y de algún modo, toda pastoral es vocacional.

Cultura vocacional

trigo_verdePor este motivo y porque la cosecha es abundante hemos de poner todo nuestro empeño en generar una Cultura Vocacional. Pero ¿qué es esto?Es parte de un proceso que se está gestando, una mentalidad que está creciendo, un aire que está empezando a soplar.

Se funda en una convicción: todos tenemos una vocación y hemos de ser ayudados a descubrirla.

La Iglesia como Madre es quien nos ayuda en este camino, y como sabemos que la Iglesia somos todos: Todos somos responsables de ayudar que las vocaciones “se manifiesten y crezcan”, de ayudar que se encuentre con Jesús y puedan responderle con alegría y generosidad.

Debemos crear en el ambiente cierta sensibilidad espiritual por la cuestión vocacional. Es decir, llegar al punto en que todos tengamos como algo natural el hecho de que mi vida es un don, un regalo de Dios y que de que solo seré feliz si me doy a los demás.

Resumiendo:

-Todos somos llamados.

-Todos, descubriendo la llamada, debemos ayudar a que otros la escuchen.

-Todos debemos crear una cultura vocacional

-Todos nos ponemos manos a la obra: Hoy.

 “Encender la chispa vocacional, ayudar a todo creyente a escuchar la voz del Señor

que siempre llama, que lo llama todos los días de su vida” (Amadeo Cencini).

Manos a la Obra

LJVS-17En este camino hemos de actuar como quien hace una revolución: “Hacer lío”. Con valentía, con libertad para anunciar, con fortaleza, convencidos de que será muy bueno que acontezca lo que perseguimos.

En el caminar hemos de:

-Asumir el riesgo de “hacer lío”. Nada está asegurado pero nos anima el Espíritu que todo lo hace posible.

-Proponer las variadas posibilidades de entrega. Todos hemos de ser como Elí ayudar a los jóvenes a que aprendan a escuchar al Señor. O como Pablo, ser valientes para proponer la vocación de modo amplio y variado: ¿qué quiere Dios para tu vida?

-Llamar. Hoy más que crisis de los llamados, hay una gran crisis de los Llamadores, es decir, de todos nosotros. La llamada ya no es una simple propuesta, es interpelar en el momento oportuno con una invitación precisa. Significa hacerla por el nombre, atrayendo la atención del otro, acercarse, motivar, insinuar, pero siempre con delicadeza, respetando la libertad y la conciencia del otro. Convencidos de que responder a Dios es el mejor modo de llegar a ser libres, de realizar nuestra vida.

-Atención en la propia familia y en nuestros grupos. Aquí es el lugar por excelencia en donde nacen las vocaciones, estar muy atentos.

-Sembrar, siempre y en todo lugar, en cualquier situación, y en el corazón que se nos cruce. Creyendo en que Dios se sirve de nosotros para esta labor. ¿Qué cosa hemos de sembrar? Dios te ama y por eso te llama. Escuchando su voz encontrarás tu verdad, tu felicidad. Él te invita a construir la civilización del amor desde una vocación única.

-Sobre todo acompañar, que el otro sepa que vos estás y podés orientarlo hacia otros que podrán ayudarlo, por ejemplo el cura de la parroquia, el Seminario, etc.

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