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¿Qué es la vocación?

Oct 2, 2013   //   by Seminario   //   Noticias  //  Sin Comentarios

La vocación es el modo en cada uno, de modo concreto en su vida, experimenta y realiza la llamada a la plenitud. De allí que vocación signifique “llamada”. Porque es ante todo, llamada a ser persona en plenitud, feliz, libre. Ésta una vocación formal que cada uno tiene que concretar mediante una respuesta concreta, mediante un proyecto de vida.

El hombre ha nacido para amar. Juan Pablo II decía que el hombre como persona se realiza solamente existiendo “con alguno” y más profunda y completamente existiendo “para alguno”. Por tanto, alcanza su plenitud en la medida que ama, cuando sus relaciones son expresión de amor.

El hombre ha nacido para amar y por eso el amor es la vocación fundamental del ser humano. Todos somos “llamados” al amor. Y Dios es Amor (1 Jn 4, 8).

La vocación Esto nos debe quedar claro: la vocación de cada uno de nosotros es una iniciativa libre de Dios, gratuita, insertada en un plan providencial que nos afecta no aisladamente, sino en el contexto de una comunidad y de una historia.

El descubrimiento, la clarificación y la respuesta a la iniciativa de Dios en la propia vida se realiza en un diálogo en el cada persona debe escuchar y responder creativamente, construyendo un proyecto de existencia.

Vocación y proyecto de vida son dos aspectos de una misma realidad: la llamada por parte de Dios y la respuesta por parte del hombre.

Es una llamada a ocupar un puesto único dentro del universo personal, que da sentido pleno y último a cada persona. Por eso “existir” es decir “sí” a esa vocación, a esos valores, en esto consiste la respuesta. Y esto comporta muchas veces decir que “no”: aceptar límites, rechazar posibilidades. Vivir es elegir. Desde mi vocación elijo y desecho, afirmo posibilidades y niego otras. Desde la vocación y sólo desde ella, es posible dar sentido a nuestra vida.

 

El llamado al sacerdocio

Normalmente el hombre tiene dos caminos por los cuales realiza esta plenitud, este sentido, esta felicidad a la que está llamado: el de la vida laical (a través del matrimonio o de una vida comprometida, entregada, oblativa) y el del sacerdocio. El primero se desenvuelve en la familia y en el trabajo; el segundo se ocupa de manera especial de las cosas de Dios y del servicio a los hombres. Dos misiones, dos llamadas necesarias, nobles y santas. Aquí te queremos hablar sobre el sacerdocio.

Una de las mejores definiciones del sacerdocio está en la carta a los Hebreos (5,1): Todo sacerdote es tomado de entre los hombres y está puesto a favor de los hombres en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Exactamente lo que dirá San Pablo: Es preciso que los hombres vean en nosotros a los servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios (1Cor 4,1)

Hay una palabra que resume lo esencial de su misión: “mediador”. ¿Entre quién? Entre Dios y los hombres. btngoback_y.gif Tenemos un modelo único de sacerdote, con respecto al cual hay que entender el sacerdocio de los hombres: Jesucristo.

Y esta dignidad tan alta no es el hombre quien la elige como si fuera una profesión. Es Dios quien elige, quien llama a quien quiere: “No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes” (Jn 15,16). Se habla de vocación al sacerdocio porque “vocare” significa en latín llamar. Dios llama y se da a conocer. A esas señales o signos hay que atender para saber si a mí me está llamando el Señor. Estas son las semillas del sacerdocio. Pero queremos aclararte dos cosas importantes: primero que sin lugar a dudas tenés vocación a la vida cristiana, a la santidad, al cielo. Jamás al pecado o a la mediocridad. Por cualquier camino que sigas esto no está en cuestión. La otra: que tu vocación es a la vida laical, a la santidad laical, a no ser que Dios te de signos de que te quiere por otro camino. Si es así te dará señales suficientemente claras. ¿Porqué llama a unos y no a otros? Misterio de Dios. En cada vocación está el misterio de la elección divina que nadie merece y nunca comprenderá en esta tierra.

Casi siempre se presupone el matrimonio como el estado general del cristiano, pero Dios sigue llamando a los otros estados como formas estupendas de realización humana y cristiana

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